Ayer como hoy ¡abajo la unión nacional! (Tantquil)

Las carnicerías de los últimos días son unos eventos horribles. Los actos de esta naturaleza suscitan evidentemente una clara emoción de rechazo. Pero es odiosa la utilización de lloros y de testimonios de angustia de lxs familiares de las víctimas: Nada justifica la sacro-santa unión nacional y todos los ataques que derivarán contra la clase proletaria.  Las agresiones racistas contra musulmanxs o sospechosxs de serlo, se han multiplicado. Las palabras del primer ministro francés sobre la « necesidad de tomar medidas » anuncian ya nuevas leyes de excepción. Hace un siglo, en julio del 1914 un militante nacionalista asesinaba a Jean Jaurès en París, a dos pasos de la sede de su periódico, L’Humanité. Este acto precipitaría el nacimiento de la « unión sagrada », unión de todos los grandes partidos y sindicatos franceses de la época para la guerra contra Alemania. Una guerra cuyas consecuencias todavía se pueden sentir hoy día un siglo más tarde. « El capitalismo porta en sí mismo la guerra como la nube porta la tormenta » decía Jaurès. Hoy, sentimos esta tormenta aproximarse de nuevo. Ya de partida, la « llamada a la guerra contra el terrorismo para defender la civilización » en portada de los periódicos, empezando por Le Figaro, periódico que lleva el comerciante de armas Serge Dassault. Ya nos están hablando de unión nacional. Ya nos instan a la « responsabilidad », a la « dignidad ». Una « dignidad »  que no parece sofocar a esa gente que se manifiestan al lado de todos esos dirigentes tanto franceses como internacionales, y que, si acumuláramos sus diversos pasivos, representan la participación en decenas de guerras, represión de miles de oponentes, tortura a gran escala… La unión nacional de la cual hablan toda la gente que pulula en torno al poder, es siempre la unión contra las explotadas y los explotados. Está en la casi total unión nacional que fue votada en los Estados Unidos el día después del 11 de septiembre, la llamada Patriot Act, un conjunto de medidas que le dan vía libre a la policía, al ejército y a los servicios secretos americanos. Por ejemplo, permite la detención ilimitada de todxs aquellxs consideradxs como « combatientes del enemigo ». Así porque sí, sin inculpación previa, ni juicio. Ésto fue lo que les permitió abrir el campo de Guantánamo. La legalización de la tortura. Y todo ello eh, por la « defensa de la civilización ». No estamos en ese punto en Francia, pero a veces las cosas se aceleran. Y no os engañamos. La civilización que quieren proteger todas esas « uniones nacionales », es la sociedad de clases. Es la propiedad privada. Su pasta, la posibilidad de hacer dinero a nuestra costa. Todas esas bonitas palabras como democracia, república, blablabla se borran frente a los imperativos del beneficio. Lo hemos visto hace poco en Grecia: ¿Cuánto han pesado esos principios frente a las necesidades del capital? ¿Dónde estaban lxs fervientes defensorxs de la libertad de prensa cuando el gobierno griego cortaba la televisión pública sin ninguna advertencia previa? Y son esas uniones nacionales las que han puesto en marcha medidas de austeridad que estrangulan a lxs proletarixs griegxs. Recordemos que desde entonces, el número de suicidios se ha disparado, que muchas enfermedades de cáncer ya no son pagadas por la sanidad pública y que el tratamiento les va a costar muy caro a aquellxs que la sufran… Podríamos nombrar muchos más ejemplos, tanto de allí como de otros países. Porque la unión nacional es la última moda en Europa. Las grandes coaliciones que agrupaban a un enorme espectro político son las que han dirigido en estos últimos años Grecia, Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos, Irlanda. No es un hecho trivial. Esto quiere decir que en todos los lados se están llevando a cabo ataques contra lxs proletarixs. Es ésta la verdadera guerra de nuestra época: Aquella que va contra las explotadas y los explotados. Los Estados no engañan, y después de estos ataques, conforme a nuestra resistencia, toman medidas para mantener el orden, para dar más poder, medios y armas a la policía. El « antiterrorismo », las leyes de excepción de urgencia puestas en marcha, forjan paso a paso las armas de represión masiva de lxs proletarixs. Estos dispositivos se acompañan de un discurso, aquél del « enemigo interno »: El terrorista. Este terrorismo que los propios Estados capitalistas han suscitado antes y después del 11 de septiembre, con esas guerras imperialistas que han saqueado países enteros, con ese aplastamiento a millones de proletarixs, Su discurso es siempre el mismo: Todos los medios son buenos para defender el cuerpo social contra el « virus del fanatismo ». Son los mismos medios que el poder se reserva para después ir directamente contra nosotrxs. Frente a esta guerra, sólo podemos oponer nuestra solidaridad activa y nuestra defensa de clase. No somos Charlie, rechazamos esa unidad ficticia con los explotadores. No somos nada… ¡Seámoslo todo! Tantquil, 12 de enero del 2015.

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